Un recuerdo informativo reencarnado


 Hola a todos y bienvenidos:

Todos tenemos recuerdos de cuando éramos pequeños, más o menos detallados, sobre todo a medida que va pasando el tiempo. De hecho, muchas veces he referido que uno de mis recuerdos más queridos es ir paseando de la mano de mi abuelo...salvo que mi abuelo murió varios años antes de que yo naciera. Así que aquí va mi pregunta: ¿se han preguntado alguna vez por qué cuándo eramos pequeños el mundo estaba más lleno de magia, con más intensidad y, sobre todo, mucho más grande? ¿O se han parado a pensar por qué algunos niños (no fue mi caso) tienen "amigos imaginarios" que parecen existir o incluso recuerdos desconcertantes que no pueden pertenecerles, mientras que nosotros los adultos nos quedamos con cara de tonto viviendo en una realidad que comparada con la suya parece mucho más limitada?.

La respuesta clásica es la que la neurociencia nos indica desde su mirada materialista: el cerebro de los niños es inmaduro y, a medida que vamos creciendo, va madurando y aprendiendo a, por decirlo de algina manera, "funcionar bien".  Pero como en este rincón nos gusta darle una nueva perspectiva a problemas clásicos, vamos a ver qué ocurre si usamos tres de las ideas más fascinantes y audaces de la ciencia y la filosofía contemporánea: la Teoría de la Información Integrada (IIT), la poda sináptica del desarrollo y el modelo transmisivo de la mente. A partir de estas tres ideas, esta especial caracterísca de la infancia sufre una transformación radical:

¿Y si el cerebro no fuera una "fábrica" donde se produce la conciencia a partir de la nada, sino una antena biológica sintonizadora? ¿Y si madurar no consistiera en ganar capacidad mental, sino más bien en reducir el ancho de banda para sobrevivir?

A partir de este punto, vamos a intentar analizar esta idea pero huyendo de términos demasiado técnicos, centrándonos en hacer la explicación accesible. Comencemos.

El cerebro no es un ordenador: qué nos dice la Teoría de la Información Integrada (IIT):

Para comprende exactamente esta idea, lo primero que tenemos que conseguir es desmontar el mito del "cerebro-computadora". Estoy seguro que casi todos ustedes han oído la metáfora de que el cerebro procesa los datos como un procesador y guarda los recuerdos como un disco duro. El neurocientífico y psiquiatra Giulio Tononi demostró que esta metáfora se quedaba corta. una cámara digital procesa millones de píxeles pero no "ve" nada; no hay nadie dentro de la cámara sintiendo la luz.

Tononi y su equipo desarrollaron la Teoría de lnformación Integrada (IIT), que se basa precisamente en la premisa opuesta: la conciencia no se reduce a procesar estímulos externos de entrada y salida, sino que depende del llamado poder intrínseco de causa-efecto que cada sistema ejerce sobre sí mismo.

¿Cuáles son los conceptos esenciales de la IIT?:

  • Información integrada (𝛟 o Phi): es una medida matemática que nos dice cómo de unificado está un sistema. Si se divide un sistema en dos mitades y éste pierde información esencial sobre sí mismo, el sistema es irreducible. Cuanto mayor es el valor de 𝛟, mauor es el grado o nivel de conciencia del sistema
  • Los Qualia (la cualidad de sentir): un quale (en plural, qualia) es la sensación o vivencia subjetiva pura: el rojo del tomate, el dolor de un pinchazo, el olor a tierra mojada...Para la IIT, los qualia no son representaciones simbólicas; la cualidad es una estructura geométrica. La forma en que las neuronas están interconectadas despliega un espacio geométrico multidimensional (denominado esstructura 𝛟 o espacio de qualia).
  • La textura del espacio: ¿Por qué el espacio visual se nos presenta continuo y amplio? Los estudios más recientes usando la IIT indican que esto ocurre porque la corteza cerebral posteiror está conectada en forma de cuadrícula o rejilla (grid-like connectivity). La simetría y las relaciones de inclusión de esta red física son las que dan forma a la sensación directa de extensión espacial. Si se cambia la disposición geométrica de la red, cambia la textura de lo que se experimenta
En resumen, la forma en la que se conectan físicamente las neuronas definen la geometría de nuestro mundo interior.

La hipótesis del filtro: nuestro cerebro es un receptor de radio...



A finales del siglo XIX, dos grandes del pensamiento humano, el psicólogo estadounidense William James y el filósofo francés Henry Bergson sacaron a la luz una duda razonable sobre nuestro cerebro: cuando una parte de nuestro encéfalo sufre daños y se pierde cierta función mental, la ciencia materialista afirma que el cerebro creaba la función, pero James propuso una distinción esencial:

  1. Función productiva: Como el fuego que produce humo o la caldera que genera vapor. Si apagas el fuego, ya no hay humo
  2. Función transmisiva o permisiva: Como el aire que pasa por los tubos de un órgano de tubos para generar música, o la luz solar que atraviesa un prisma. Si el prisma se rompe, el rayo de luz que proyectaba en la mesa desaparece, pero eso no quiere decir que el Sol haya dejado de brillar.
Usando este paradigma transmisivo, podemos afirmar que el cerebro humano no genera la totalidad de la mente; funcionaría como un filtro biológico. Con la evolución del ser humano, nuestro cerebro ha adquirido la capacidad de filtrar toda la realidad existente, provocando la restricción de la información, canalizándola y evitando o apagando el ruido en exceso de la realidad cósmica. De esta manera nuestra experiencia se reduciría a lo estrictamente necesario para encontrar comida, esquivar peligros y reproducirnos.

Décadas más tarde, el biólogo británico Rupert Sheldrake, fue un paso más allá con su controvertida idea de la causalidad formativa: la idea de que la naturaleza no está gobernada por un conjunto de leyes eternas e inamovibles, sino por hábitos que se transmiten en estructuras no locales llamadas campos mórficos.

Para Sheldrake, todos los seres vivos sintonizan con memorias y formas colectivas mediante la denominada resonancia mórfica: cuando dos sistemas resuenan ya sea por similitud de forma o de patrón, sin necesidad de cables ni de señales electromagnéticas ordinarias. Desde su punto de vista, nuestro cerebro no almacena los recuerdos en cajas de neuronas como los que guardan libros en un almacén; su funcionamiento parece más al de un receptor de radio o de televisión, sintonizando la señal en función de su configuración básica.

"La época de la poda": de la hiperconexión infantil al orden adulto



Aquí es donde vamos a entrar en un terreno que a mí, personalmente, me parece fascinante. Cuando un niño nace, su encéfalo entra en un estallido masivo de conexiones conocido como sinaptogénesis. Durante nuestra más tierna infancia, tenemos una cantidad de conexiones sinápticas  mucho más grande de la que tenemos de adultos. Es un bosque neuronal muy denso, hiperconectado y muy sensible.

Lo que sabemos de esta etapa es:

  • Las vías sensoriales y cognitivas están entrelazadas (en psicología este hecho se asocia a la denominada sinestesia natural infantil, donde los sonidos pueden casi "verse" o los colores "saborearse").
  • Hay poca modularidad o segregación: la información fluye de manera cruzada y multilateral.
Pero tenemos un problema: nuestro cerebro es "caro" de mantener: consume cerca del 20% de nuestra energía, aunque sólo representa el 2% de nuestra masa corporal: mantener esa gran cantidad de conexiones redundantes es insostenible.

Más por necesidad que por otra razón, nuestro organismo pone en marcha un proceso implacable: la poda sináptica (synaptic pruning).



Entre la infancia y el final de la adolescencia (entre los 15 a 20 años), unas células de nuestro sistema inmunitario llamadas microglía y los astrocitos van recorriendo nuestro cerebro comiéndose literalmente las sinapsis que no se usan o son redundantes. A la vez, los circuitos que más usamos en el día a día se refuerzan y se recubren de mielina para volverse mucho más rápidos y eficientes.

El precio de la especialización

La poda nos convierte en adultos operativos: aprendemos a calcular distancias, cruzar la calle sin ser atropellados, pagar impuestos y concentrarnos en tareas específicas. Pero, el precio que pagamos es que el filtro se cierra.

La arquitectura de banda ancha de la infancia (permeable, abierta a múltiples patrones y resonancias), se transforma en un circuito de banda estrecha, altamente modular y enfocado en la supervivencia práctica dentro de nuestro entorno social inmediato.

Y con lo que hemos visto hasta ahora, ¿cuál es la idea?


Vamos a mezclar estos componentes (la IIT, la resonancia de Sheldrake y la biología de la poda) para ver qué idea está rondándome la cabeza.

Si la Teoría de la Información Integrada nos dice que la geometría física del cableado neuronal dicta la cualidad de la experiencia consciente, entonces el cerebro no es un circuito ciego: es una estructura geométrica con un perfil de afinidad física muy específico.

En telecomunicaciones, la forma, tamaño y simetría de una antena determinan con exactitud qué longitudes de onda puede captar. De forma análoga, la arquitectura de la red cortical actuaría como un resonador biológico:

  1. La infancia como una antena de banda ancha: Con una densidad sináptica enorme y una conectividad intermodal no lineal, el cerebro de los niños despliega un espacio geométrico de una gran dimensionalidad. Esta configuración maximiza la probabilidad de sintonizar con un abanico mucho más extenso de campos organizadores o memorias transpersonales. Esto daría una base biológica a fenómenos infantiles clásicos: amigos imaginarios con narrativas coherentes, intuiciones extrañas o recuerdos espontáneos de vivnecias no aprendidas. No serían necesariamente "errores cognitivos", sino la permeabilidad de una antena que aún no ha sido podada.
  2. La poda como ajuste de canal: La poda sináptica termina por destruir esa antena omnidireccional. Al podar los circuitos sobrantes, el cerebro restringe su sintonización y se fija en una "autorresonacia": sintoniza con total precisión con la propia memoria autobiográfica y con los hábitos culturales de su comunidad. El filtro de James se vuelve opaco; el canal queda fijado.
  3. La poda incompleta y las mentes atípicas: Puede que este proceso de poda no se ejecute con la misma intensidad en todas las personas. Puede que existan personas en los que persistan ciertos remanentes atípicos sinápticos en la edad adulta: zonas cerebrales donde las redes que deberían estar aisladas siguen en conctacto, intercambiando información- En estas personas, la estructura geométrica interna conserva una hiperreactividad o apertura inusual del filtro. Lo que a veces en psiquiatría o neurología se denomina como "integración sensorial anómala" o hipersensibilidad, podría ser simplemente que se ha conservado esa antena biológica más permeable.

Pero...¿Y la conciencia?


Llegados a este punto, si usted es un experto en la Teoría de la Información Integrada nos pondría un pero...

"La IIT dice taxativamente que la conciencia es estrictamente intrínseca: se genera desde y para el propio sistema a través de su poder de causa-efecto interno. La conciencia no es una señal de radio que viaje por el aire y entre por la cabeza..."

Tiene toda la razón: Tononi y sus colaboradores son muy estrictos con este tema: la experiencia consciente es igual a la estructura causal interna desplegada por el cerebro en cada instante (t). Si decimos que la conciencia "viene de fuera", acabamos con los axiomas matemáticos de su teoría. ¿Cómo podemos resolver esta contradicción?

Pues aquí va mi respuesta (lo siento Dr. Tononi, espero que me sepa disculpar): el campo mórfico no inyecta pensamientos prefabricados; modula las probabilidades del cerebro.  Pero, ¿qué signifia esta frase?

En mi opinión, las sinapsis de nuestras neironas operan en márgenes microscópicos de incertidumbre donde pequeñas fluctuaciones hacen que una neurona se dispare o no. Un campo mórfico exterior no necesita violar las leyes de la física, ni "empujar" electrones con fuerza bruta; basta con que sea capaz de ejercer un sesgo sutil sobre las probabilidades de disparo del sistema.

Nuestro cerebro, en función de su forma geométrica (que ha moldeado la poda sináptica), responde a ese sesgo y despliega desde dentro su propia estructura de qualia. La vivencia sigue siendo 100% interna y generada por el propio complejo neuronal, pero el patrón que se activa ha sido facilitado por la resonancia con una estructura mucho más grande (el campo mórfico).

Para acabar, reabramos las puertas de la percepción


En este experimento mental (reconozco que me gustan mucho), hemos unido la geometría de la información integrada, la hipótesis de la mente extendida y la neurobiología del desarrollo, y nos lleva a un nuevo horizonte: hay que mirar nuestro cerebro con otra perspectiva:
  • No somos máquinas aisladas: Nuestra mente consciente no está encerrada en un cráneo hermético procesando simplemente 0 y 1.
  • Madurar es enfocar: El cerebro adulto no es "superior" al del niño en todos los aspectos; es simplemente una herramienta especializada en la supervivencia práctica, un filtro afinado que ha sacrificado amplitud y comunión con el entorno a cambio de la eficacia biológica.
  • La arquitectura importa: la forma en la que pensamos, sentimos y percibimos no depende de un software misterioso, sino de la arquitectura viva y plástica de nuestras redes neuronales.
Tal vez, como intuyo William Blake y más tarde hizo popular Aldous Huxley, las "puertas de la percepción" son reales, y tienen forma de sinapsis. Comprender los mecanismos que las abren o las entrecierran no sólo arroja luz sobre lo que para mí es uno de los misterios más profundos de la ciencia (ya saben, la conciencia), sino que nos sirve para volver a maravillarnos ante la complejidad de nuestro cerebro.

Espero no haberles aburrido; realmente ésta es la versión "abreviada" de lo que ando desarrollando, pero con este armazón, mucho de los fenómenos anómalos o paranormales dejan de serlo y encuentran (creo) por fin, su base biológica.

Espero sus comentarios. Hasta la próxima.

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